lunes, 20 de julio de 2026

Resistir al Imperio Americano demostró ser posible

 El apoyo popular es indispensable para ganar la larga batalla.

Resolución internacional sobre la situación en el Golfo y Rusia.

Estados Unidos intenta desesperadamente preservar su menguante supremacía. Al emplear su arma más poderosa, su superioridad militar, busca frenar el declive secular. Sin embargo, está a punto de alcanzar un punto crítico que avivará aún más la resistencia. Ha destinado recursos a demasiadas guerras, mientras que todos los factores económicos, sociales, políticos y culturales retroceden. El genocidio sionista es la expresión simbólica de una situación general que expone la masacre imperialista, pero deja a la resistencia intacta. Por ello, el imperialismo liderado por Estados Unidos e Israel pagará un alto precio en el futuro.

Desde los inicios del Imperio estadounidense, la doctrina neoconservadora ha consistido en atacar a sus enemigos de forma preventiva. Sin embargo, la «guerra contra el terror», lanzada hace dos décadas, ya ha producido derrotas (o, como mucho, estancamientos), como en Irak y Afganistán.

Ante el desastre socioeconómico provocado por la globalización capitalista liderada por Estados Unidos y el ascenso de China, decidida a no someterse, las resistencias tanto de los Estados como de la población no han dejado de crecer. El mundo se encuentra en un estado de gestación, con un orden multipolar a la vista. Sin embargo, Estados Unidos hace todo lo posible por impedirlo, y será necesario lograr victorias antiimperialistas decisivas.

Estas resistencias globales se han reflejado en las fricciones y luchas de poder dentro de los propios Estados Unidos, lo que ha dado origen al trumpismo y ha fragmentado el sistema político bipartidista. El Partido Republicano estuvo a punto de colapsar, mientras que el Partido Demócrata se ha visto obligado a girar a la izquierda, fingiendo distanciarse del sionismo. Trump encabeza una especie de populismo imperialista, que busca recuperar el apoyo de ciertos sectores de las clases medias con una peculiar combinación de supremacía blanca y la promesa de poner fin a las guerras permanentes de Estados Unidos. Esto ya ha demostrado ser imposible e inevitablemente conducirá a la descomposición del trumpismo, con consecuencias inciertas. La perspectiva de precios del petróleo estructuralmente más altos acelerará la decadencia. Es seguro predecir que se avecinan nuevos conflictos, lo que aumenta el riesgo de una guerra civil.

Trump pretendía forjar un compromiso con Rusia; este compromiso violaría el consenso histórico del imperialismo estadounidense, cuyo objetivo es subordinar a Rusia como condición indispensable para mantener el imperio. (La idea estratégica subyacente es que Estados Unidos necesita separar a Rusia de China para mantener a China a raya, pero la arrogancia neoconservadora no permite este giro a la inversa, al estilo de Nixon, ya que descarta la concepción monopolística). El impulso alcanzó su punto álgido con la cumbre de Alaska en agosto de 2025. Pero Trump no fue lo suficientemente fuerte como para imponerse al aparato estatal.

Existen muchas razones para ello: el debilitamiento del impulso militar de Rusia; el fervor antirruso de la UE (que se analizará por separado); la persistencia del nacionalismo ucraniano, que ha conservado un amplio apoyo popular; y la debilidad del movimiento pacifista en Occidente.

Otro factor importante es la profunda influencia del sionismo en el aparato estatal estadounidense, con la facción neoconservadora como su núcleo central, lo que finalmente obstaculizó la política de Trump hacia Rusia. El trumpismo depende completamente del sionismo. No solo brinda apoyo ilimitado al genocidio en Palestina, sino que también se ha embarcado en la guerra imposible de ganar contra Irán, instigada por Israel. De hecho, el hecho de que parte de la base de MAGA esté a punto de volverse contra el sionismo conducirá inevitablemente a la división y caída del trumpismo.

Durante treinta años, los neoconservadores han abogado por una agresión militar a gran escala para derrocar al Estado islámico antiimperialista de Irán. Sin embargo, el establishment estadounidense se había abstenido hasta ahora de emprender tal aventura debido al alto riesgo de repetir el fracaso de Irak, un país que, en cualquier caso, es mucho más débil. Así como la guerra en dos frentes de Hitler carecía de justificación, salvo el impulso racista que proclamaba la supremacía aria absoluta, la idea sionista de aniquilar a Irán no tiene más base racional que el autoengaño y la misma supremacía blanca.

Resulta irónico que fuera Trump quien siguiera a los neoconservadores al abismo, a pesar de su promesa de romper con el poder fáctico. Se lanzó a la aventura y fracasó estrepitosamente, como era previsible. No se produjo ningún cambio de régimen, sino un gobierno islámico enormemente fortalecido, tanto interna como externamente. Y la desaparición total de la oposición iraní proimperialista, ya que las masas populares, incluidas las clases medias occidentalizadas, se volcaron en la defensa patriótica de su país. El control iraní sobre el estrecho de Ormuz (que seguirá siendo una moneda de cambio que impulsará al alza los precios de la energía) y la proyección de poder en el Golfo, que pone en entredicho el modelo social de los estados petroleros proimperialistas del Golfo. Esto se manifiesta en el fin de facto del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Arabia Saudita tuvo que realinearse con Turquía y Qatar, suavizando su guerra contra los Hermanos Musulmanes, que pueden considerarse la base popular para un modelo de gobierno capitalista menos sumiso a Estados Unidos e Israel. Turquía se ha fortalecido gradualmente, ejerciendo influencia sobre Siria, pero también enfrentándose a la demanda popular de frenar la ofensiva israelí. Si Erdogan y sus sucesores logran mantener el equilibrio entre las potencias (que refleja el dinamismo multipolar y el debilitamiento de la OTAN, de la que Turquía es un miembro importante), Turquía tiene posibilidades de restablecerse como el principal estado sunita. Mientras tanto, los Emiratos Árabes Unidos, como colaboradores declarados del imperialismo, permanecen totalmente aislados y en guerra con sus antiguos aliados, Arabia Saudí, en múltiples frentes.

Pero la mayor ventaja reside en la inclusión del Líbano en el escudo disuasorio iraní contra el sionismo. El acuerdo entre Estados Unidos e Irán está condicionado al cese de la agresión israelí contra el Líbano, una condición que Israel no puede ni quiere aceptar. A Trump le resultará difícil pedir moderación, lo que pone en peligro su propia coalición política. Es posible que el inestable acuerdo con Irán se mantenga durante un tiempo, ya que una agresión imperialista renovada con rapidez fortalecería aún más a Irán. Sin embargo, el sionismo parece decidido a continuar su ofensiva, apoyado por su población, que se encamina hacia el paroxismo. Y Estados Unidos se ve obligado a seguirle, ya que la caída del sionismo supondrá también el fin de la supremacía estadounidense. Así pues, tarde o temprano, una nueva guerra en Asia Occidental es inevitable, con sus múltiples frentes y la participación popular que siempre depara sorpresas.

Si Irán logra mantener y consolidar su victoria, su éxito puede considerarse un paso importante hacia un orden multipolar, ya que Irán no es un títere, ni de Rusia ni mucho menos de China. Esta victoria también permitirá el desarrollo de otros Estados de segundo orden y brindará mayor espacio a los movimientos populares. (De hecho, no es casualidad que el acuerdo entre Estados Unidos e Irán no incluya a Palestina y Gaza).

Pero volvamos al frente ruso. Trump sigue siendo rehén de los neoconservadores sionistas, lo que hace inevitable la desaparición del trumpismo. Esto también implica la imposibilidad de ofrecer un compromiso sustancial al Kremlin. Occidente ni siquiera está dispuesto a ofrecer la fórmula Kissinger (Crimea y Donbass para Rusia, el resto de Ucrania para Estados Unidos), y mucho menos un estatus neutral para Ucrania, que de facto es la principal exigencia de Rusia.

Esto se debe también al agotamiento del avance ruso en el campo de batalla, que ha derivado en un estancamiento estratégico. Esta guerra de desgaste podría prolongarse durante muchos años. Occidente está decidido a invertir el máximo de recursos industriales, preparando una economía de guerra, mientras que la sociedad rusa parece cansada de seguir sufriendo presiones, sobre todo porque la burguesía y las clases medias urbanas siguen albergando la esperanza de reintegrarse al capitalismo global.

Pero la principal razón del estancamiento no es ni militar ni económica, sino política. En esencia, el Kremlin apostó todo a la proyección de poder militar, llegando incluso a utilizar la amenaza nuclear. No se preocupó demasiado por diferenciar dentro de la sociedad ucraniana ni por intentar separar a sectores importantes de su población del nacionalismo proimperialista. Si bien sostenía que rusos y ucranianos eran una sola nación, lo cual históricamente podría contener cierta verdad, la campaña política del Kremlin que negaba la existencia de Ucrania como nación propició el surgimiento de la idea de una nación ucraniana como fenómeno de masas. Esta idea nunca llegó a consolidarse durante el siglo XX.

Putin atacó a Lenin por haber autorizado la creación de un Estado para Ucrania. Pero al hacerlo, Lenin creó un pueblo soviético común, antiimperialista (e inicialmente socialista), capaz de derrotar al imperialismo alemán de una manera sin precedentes, marginando históricamente al nacionalismo ucraniano proimperialista. Ahora vemos que está a punto de ocurrir lo contrario, dando paso a lo que podríamos llamar una guerra popular imperialista. Sin la extraordinaria perseverancia del nacionalismo ucraniano, ni siquiera un apoyo militar imperialista ilimitado habría evitado la derrota de Ucrania.

Desde la disolución de la Unión Soviética, se han manifestado numerosos indicios de diferenciación política en la sociedad ucraniana. La guerra fratricida impulsada por el nacionalismo ucraniano de corte fascista contra Rusia está llevando a Ucrania a un desastre histórico. Rusia debe ofrecer neutralidad democrática a Ucrania, lo que expondría a los nacionalistas ucranianos como títeres del imperialismo occidental y, en última instancia, allanaría el camino hacia la unidad antiimperialista. El nacionalismo ruso radical, en definitiva, es una receta para la derrota de una nación rusa antiimperialista.

Pero el desafío no se limita al pueblo ucraniano. También afecta, aunque en menor medida, a las masas populares occidentales. En diversos países occidentales, y especialmente en la decisiva Alemania, ha habido un fuerte apoyo popular a la paz con Rusia, siempre y cuando se respete su soberanía. Sin embargo, el Kremlin no supo aprovecharlo. Podemos establecer una analogía, aunque limitada, con la lucha palestina, que, si bien es totalmente marginada por la maquinaria propagandística occidental, ha logrado un apoyo popular masivo, hasta el punto de convertirse en un factor político decisivo. Ciertamente, un pueblo sin Estado que opone resistencia es muy diferente a la segunda potencia mundial. Pero, en última instancia, ambos se enfrentan al imperialismo estadounidense.

Exigimos la neutralidad de Ucrania y la retirada de la OTAN de Europa del Este, eliminando así la causa fundamental de la guerra. Es necesario que las masas comprendan (y se les enseñe) que es Occidente quien desea la guerra y exige la capitulación de Rusia, tal como lo hizo el imperialismo alemán en la Segunda Guerra Mundial. Convencer a las masas no garantiza en absoluto la paz futura ni una disminución de las ambiciones imperialistas occidentales. Y podría ser necesario continuar la defensa militar antiimperialista durante muchos años. Pero una cosa es segura: esta guerra antiimperialista no se puede ganar solo con medios militares y económicos, sino principalmente con medios políticos.

En las circunstancias actuales, la derrota del imperialismo no parece estar cerca. Mostrar disposición a un compromiso, en el escenario más optimista, permitiría establecer ciertos límites a la militarización ucraniana. Incluso podría ser cierto que Occidente incumpla sus promesas, como ya lo ha hecho en repetidas ocasiones (véase el acuerdo de Minsk). Sin embargo, las ventajas políticas frente a una guerra de desgaste interminable son más importantes, ya que ofrecen mejores posibilidades para revertir la relación política entre Ucrania y Occidente, dado el avance general de las resistencias y la grave crisis política que atraviesan la UE y el liderazgo estadounidense.

En lo que respecta al frente cubano, reconocemos que Trump se siente tentado a embarcarse en otra aventura prometiendo una victoria fácil como en Venezuela y apuntalando su menguante popularidad. Pero pensó lo mismo sobre una guerra con Irán y aprendió la lección. A pesar de la extrema desproporción militar con Cuba, los riesgos políticos siguen siendo considerables. La revolución cubana ciertamente no ha agotado su apoyo popular; de lo contrario, no habría podido resistir durante décadas con un apoyo extranjero limitado. La guerra civil y la resistencia popular son posibles y amenazan con avivar el impulso antiimperialista en toda América Latina. Los movimientos antiimperialistas deben brindar pleno apoyo y solidaridad a la Cuba soberana y exigir a las potencias antiimperialistas que extiendan su apoyo estatal, tan necesario, incluso a costa de la confrontación con el imperialismo estadounidense.

El enemigo supremo del imperio estadounidense es la China soberana. Washington no está en posición de atacar ahora, sino solo de prepararse para la insularidad. Por otro lado, la clase capitalista china, liderada por el Partido Comunista, quiere evitar la confrontación a cualquier precio. Y la historia está abierta. Dada la resistencia en todo el mundo, una agresión militar a gran escala no parece plausible en un futuro previsible. Pero el menguante imperialismo estadounidense no es un tigre de papel y es capaz de asestar golpes significativos y duros. Nos encontramos en medio de una guerra global, tanto posicional como móvil. Los frentes pueden cambiar repentinamente. Basta con mirar al Líbano, donde el sionismo infligió una derrota significativa a la resistencia, solo para ver dos años después cómo la ocupación renovada recuperaba fuerza y ​​cambiaba el rumbo de la guerra. Una derrota rusa podría cambiar el panorama por completo, abriendo la puerta a una guerra contra China.

La lección más importante de la historia es que la resistencia y la liberación antiimperialistas requieren un apoyo popular significativo, sin descuidar las capacidades estatales. El mundo multipolar es un paso necesario hacia adelante. Pero no implica necesariamente el fin del imperialismo ni de las guerras capitalistas. Los liderazgos populares antiimperialistas deben superar, o al menos mitigar, sus conflictos internos para lograr una unificación de gran alcance contra las potencias imperialistas, ya sean unificadas o divididas, preparándose para nuevos intentos socialistas. Sigue vigente la antigua regla de que estas luchas se centran en la periferia, pero sin involucrar y dividir los centros imperialistas, las victorias antiimperialistas seguirán en peligro. Nos espera un largo período de guerras imperialistas, resistencias antiimperialistas estatales y populares, y revolución anticapitalista popular.

Respaldado por:
Fronte del Dissenso (Italia); Partido Comunista Unido de Rusia; Partido Comunista Americano (EE. UU.); Coordinación Antiimperialista (Austria); Zannekinbond, Flandes (Bélgica); Nación Andaluza (estado español); Movimiento Anti-Jindal y Anti-POSCO (JPPSS), Odisha (India); Partido da Causa Operária (PCO), Brasil

19 de julio de 2026

domingo, 19 de julio de 2026

Nación Andaluza ante los 90 años del golpe de Estado fascista en el Estado español ¡Por un Bloque Popular Andaluz Antifascista!

 Hoy se cumplen 90 años del golpe de estado fascista en el Estado español que dio paso a la denominada “Guerra Civil” y a un auténtico genocidio en Andalucía. El 18 de julio de 1936 instauró el Estado franquista y el régimen del 39-78: no podemos olvidar que la actual monarquía parlamentaria española es heredera del estado franquista. Con motivo de esta efeméride desde Nación Andaluza queremos señalar:

1º El golpe de Estado fascista impidió la discusión del Estatuto de autonomía para Andalucía (que se iba a realizar en septiembre de 1936) y a través del asesinato, la represión brutal y el exilio económico realizó un auténtico genocidio andaluz que el historiador G. Jackson calificócomo un “exterminio químico” de la población. Andalucía fue una de las naciones del Estado español más castigadas por la represión. Se han documentado 30.000 víctimas mortales -su número real podría llegar a 50.000- y hay más de 700 fosas comunes en todo el país. Un genocidio cuyo objetivo de clase era domar al Pueblo Trabajador Andaluz asesinando a sus sectores más avanzados que se sublevaban ante las tremendas injusticias que históricamente soportaba nuestro pueblo tras conquista castellana y especialmente a partir del siglo XIX, con las desamortizaciones que produjeron la entrega de más tierras a burguesía y nobleza.

2º Tras el 18 de julio se reafirma la división internacional del trabajo instaurada por el Gobierno de Madrid en el S,XIX, en la que a Andalucía se le asignaba una función de suministradora de mano de obra a la industria instalada en el norte. Los ingresos provenientes de la emigración de casi dos millones de andaluzas en el Estado francés, alemán u holandés son uno de los principales activos económicos con los que cuenta el Estado para las inversiones en la industria instalada en el norte peninsular y en Madrid. Hay una continuidad de la situación económica de Andalucía desde la génesis del incipiente capitalismo español tanto por la situación colonial prolongada en el tiempo como porque el Estado español es un instrumento de las burguesías, cuyos intereses se han mantenido por el control del Estado que la oligarquía ha practicado independientemente de la forma de Estado. 

3º El 18 de julio reavivó las “políticas asimilistas” -en palabras de Blas Infante- que los Reyes Católicos y posteriores monarcas castellanos pusieron en práctica. El exterminio del proletariado andaluz más avanzado políticamente- el que en noviembre de 1936 suscribía en Málaga un pacto que reclamaba que Andalucía accediera a su «derecho a la autodeterminación fundando órganos propios para gobernarse libremente» con las siglas UGT y CNT- fueron el caldo de cultivo para que estas políticas de “centralización” pudieran tener el éxito buscado. Se imponía la “unidad de destino en lo universal”, frase con la que el franquismo definía el Estado español, necesitaba de un apoyo y de una justificación histórica y cultural. El nacional-catolicismo franquista asumía una caricatura grotesca de la cultura popular andaluza como cultura de la “nación española”, convirtiendo a los ojos de los pueblos peninsulares lo andaluz en la representación de ese Estado franquista que aplastaba las culturas de los pueblos.

4º Frente a las lecturas que denominan estos hechos “Guerra Civil”, entendemos que lo ocurrido de 1936 al 39 no fue otra cosa que un episodio de la guerra de clases librada de la manera brutal con la que la burguesía defiende siempre sus privilegios capitalistas. Frente a quienes caracterizan este periodo como una lucha entre “dictadura y democracia” les recordamos que la actual monarquía parlamentaria española es heredera directa del Estado franquista y solo bajo el prisma de la lucha de clases se puede entender lo ocurrido en ese periodo. Frente a quienes pretenden mostrarnos dos bloques homogéneos: franquistas y republicanos, declaramos que los llamados al “Frente Popular” contra al fascismo y la ultraderecha solo pueden ser validos si se atienen a la táctica del Frente Único bajo la consigna del “gobierno obrero” que fue la tesis de la Internacional Comunista en su IV Congreso. Un frente definido como “la unidad de todos los trabajadores deseosos de combatir el capitalismo” en el terreno de la acción práctica que no implica ningún acuerdo programático con fuerzas burguesas ni reformistas de tipo alguno sino una unidad en la acción concreta. 

A 90 años de aquel 18 de julio desde Nación Andaluza reivindicamos la organización de la clase obrera para hacer frente a la deriva autoritaria mundial que estamos viviendo, teniendo en cuenta que su origen está en el capitalismo. La lucha contra el fascismo, tiene que ser la lucha contra el Capital y todos sus peones. Tiene que ser la lucha contra el chovinismo español, el patriarcado, el imperialismo y el sionismo. 

Si la ultraderecha, el españolismo y el autoritarismo avanzan el Pueblo Trabajador Andaluz no puede retroceder ni conformarse con opciones políticas reformistas que representen una “falsa tregua” ante la explotación capitalista. La deriva autoritaria del Estado español hay que frenarla con un Bloque Popular Andaluz Antifascista y en esta lucha hay que integrar los rechazos a la opresión nacional/colonial, social y patriarcal en una lucha común por una República Andaluza de Trabajadoras. 

¡Por un Bloque Popular Andaluz Antifascista!

Secretariado Permanente de la C.N. de Nación Andaluza.

Andalucía, 18 de julio de 2026.

domingo, 12 de julio de 2026

Nación Andaluza ante el incendio en Los Gallardos (Levante Almeriense) ¡La falta de inversiones en prevención mata!

 Desde Nación Andaluza queremos en primer lugar expresar nuestra solidaridad con las familias de las personas fallecidas (12 por ahora), así como nuestro apoyo a todas personas heridas y desaparecidas y sus familias. Es el momento de apoyar la labor de nuestros bomberos y bomberas forestales, de todo el personal del plan INFOCA y del resto de unidades andaluzas que están trabajando por sofocar este incendio, el más grave en cuanto a víctimas personales de la historia de Andalucía.

En cuanto a la gestión de la emergencia, más allá de otros elementos que quedan por dilucidar, hay que denunciar  enérgicamente que no se haya activado el sistema Es- Alert alegando que preferían “usar el boca a boca”, cuando ambos sistemas son perfectamente compatibles. Más aún cuando es público y notorio que en los últimos años la estrategia mediática de Moreno Bonilla es restar toda la importancia posible a los incendios forestales.

Pero más allá de la inmediatez de la tragedia, constatamos que el presupuesto del Plan Infoca para el 2026 ha pasado de 270 a 271,6 millones de euros, un aumento insuficiente y condenamos que el número de agentes de medio ambiente -que intervienen en prevención y extinción de incendios del Plan INFOCA- se ha reducido un 14% pasando de 698 (a 30 de septiembre de 2025) a 602 al 1 de julio de 2026.

Denunciamos también que no se usaran por parte de la Junta 120 millones de dinero europeo para prevención y extinción de incendios. Así pues y a falta de datos para poder hacer una valoración más concreta de esta tragedia, lo que si podemos afirmar es que la gestión de la prevención de los incendios en Andalucía es una auténtico desastre y que las políticas de recortes y desregulación medio ambiental provocan muertes. 

¡La falta de inversiones en prevención mata!

Secretariado P. de la C.N de Nación Andaluza.

Andalucía, 11 de julio de 2026.

viernes, 10 de julio de 2026

Nación Andaluza ante la investidura de Moreno Bonilla. Contra el nuevo gobierno ultra y el neofascismo ¡independencia y socialismo!

 Hace justo una semana, el jueves 2 de julio, Juan Manuel Moreno Bonilla (Partido Popular) fue investido presidente de la Junta con el apoyo de la fuerza ultraderechista Vox que, por ahora, ha conseguido una vicepresidencia así como un acuerdo con el PP de 150 medidas a desarrollar durante esta XIII legislatura.

Lo primero a señalar es que PP y Vox se comprometen a un gobierno bajo «lealtad institucional» y «unidad de voto» en este acuerdo, manifestando así la actual dependencia del Régimen del 78-39 de la ultraderecha para sostenerse en Andalucía. Más allá de este elemento, desde Nación Andaluza queremos señalar:

1º Rechazamos este acuerdo y denunciamos el carácter neoliberal, ecocida, españolizante, patriarcal y racista de las 150 medidas pactadas entre PP-Vox. Pero a su vez, hemos de recordar que muchas de estas medidas ya se habían puesto en marcha con el gobierno anterior de Moreno Bonilla por lo que este acuerdo de gobierno “acelera” los ritmos pero va en la misma línea que el anterior.

2º El pacto PP-Vox se enmarca en un ascenso de la ultraderecha en todo el Estado español como forma de buscar una salida del Régimen de 78-39 ante su inestabilidad estructural. De esta fragilidad viene la tendencia a la recentralización del Estado español que venimos viviendo desde hace más de una década y que es anterior a la presencia de los ultras en las instituciones. Por ello, al ser una crisis de Estado (español) atraviesa a todas las fuerzas políticas que lo sostienen. Y consecuentemente el actual ascenso del españolismo  y las políticas neoliberales, imperialistas y racistas no se circunscribe a ningún partido político del Régimen sino que los atraviesa a todos en distintos grados. Vox es sólo su expresión política última y más clara, pero a su vez la menos importante. 

3º La economía de guerra destinada al rearme imperialista se ha convertido en eje central de las economías capitalistas occidentales, reordenando todo el entramado sistémico del capitalismo. Este fenómeno está potenciando también las políticas ultraderechistas y los partidos ultras o neofascistas y toda una cultura racista, patriarcal y supremacista vinculada a ellas. Este factor mundial, añadido a la crisis del Estado español, explica en buena medida que en Andalucía estemos sufriendo esta lacra ultraderechista que ahora se expresa en el pacto de gobierno de la Junta.

4ª En este estado de cosas de poco sirve caer en la política del “mal menor” que promueve el PSOE y sus adláteres, en un bonapartismo mal disimulado que intenta situar a Pedro Sánchez como la superación progresista del régimen del 78 -a pesar de las numerosas corruptelas que le rodean- aprovechando el miedo entre las clases populares a la ultraderecha. Ese es el escenario en el que nos quiere la burguesía: un votante como individuo aislado y desorganizado, presa del pánico al neofascismo en lugar de un Pueblo Trabajador Andaluz como sujeto colectivo organizado y consciente dispuesto a ejercer su autodeterminación cotidianamente.

Desde Nación Andaluza consideramos que la única manera de cortarle las mil cabezas a la hidra ultra y el neofascismo neofascista es la organización popular andaluza. No se trata de frenar a la ultraderecha, ni siquiera de acabar con el Régimen estatal del 78-39 sino de abolir el capitalismo, el imperialismo, el españolismo y el patriarcado como formas que rigen la organización socioeconómica y política del país andaluz y todo el planeta.

Contra los gobiernos ultras y el neofascismo ¡independencia y socialismo!

Secretariado P. de la C.N. de Nación Andaluza.

Andalucía, 9 de julio de 2026.

domingo, 28 de junio de 2026

Nación Andaluza ante el 28 de junio Para las personas LGTBI+, más derechos y menos “tolerancia” hipócrita

 Hoy hace 57 años, la Comunidad LGTBI+ de Nueva York se rebeló contra la violencia y la represión policial, que se desató en Stone Wall Inn.

Este hito es un punto de inflexión en la lucha de las personas LGTBI+ por la igualdad de derechos y demuestra que la unidad, la autoorganización y la lucha son el único camino para conseguir mejorar la vida del pueblo trabajador en todos los ámbitos.

Con motivo del día del Orgullo, en Nación Andaluza queremos:

1.Recordar, porque los medios de comunicación no suelen hacerlo, que la Organización Mundial de Salud ha declarado de manera rotunda y oficial que ni la homosexualidad [el 17/5/90] ni la transexualidad [el 18/6/2018] son enfermedades, con lo cual las llamadas “terapias de conversión” no solo son reaccionarias sino totalmente anticientíficas.

2. Constatar el hecho de que las conmemoraciones que desde los años 80 se vienen produciendo en Andalucía son cada vez más asimiladas por el sistema capitalista y el régimen del 39/78 y de que a pesar de que en ellas predomina el blanqueo (pinkwashing) patrocinado por la oligarquía, del capitalismo y del imperialismo, no pueden esconder el crecimiento vertiginoso de la homofobia. En Andalucía se calcula que un 69,30% de las agresiones física y/o de odio no se denuncian y que casi la mitad de la juventud confiesa haber presenciado agresiones homófobas.

3. Señalar que como en otras tantas cuestiones relativas a la felicidad y a la plena emancipación de los seres humanos, el capitalismo esgrime el discurso de la tolerancia y el asistencialismo en lugar del discurso de los derechos.

4.Declarar que en nuestro país homofobia y opresión nacional están estrechamente vinculados desde hace siglos. No es casualidad que la homofobia aumente entre los chicos jóvenes vinculados a los discursos fascistas de la ultraderecha. También entre las manipulaciones de la conquista y colonización de Al Ándalus están las de los historiadores del régimen del 39/78, que siguen la estela de Sánchez Albornoz que para defender la guerra contra nuestro Al Ándalus dejó dicho: “La Reconquista habría triunfado contra la homosexualidad tan practicada en la España mora”.

5.Desde Nación Andaluza reivindicamos un movimiento LGTBI+ independentista, socialista y anticapitalista. Tenemos ejemplos como el de nuestro militante Gabi Lima, fundador de organizaciones combativas de gays y lesbianas como LIGAM y el Sindicato de gays y lesbianas, además de luchador obrero, independentista y antiimperialista. Siempre insistió en que luchar por una Andalucía independiente y socialista era el único camino para todas las andaluzas y que no habrá una Andalucía libre y socialista sin la liberación de las personas LGTBI+.

6. Denunciamos el pinkwashing que justifica las agresiones del imperialismo a Siria e Irán, o el genocidio en Gaza por las posiciones de sus gobiernos hacia su comunidad LGTBI+. La lucha antiimperialista es por la liberación de toda la humanidad independientemente de su etnia, nacionalidad, credo u orientación sexual. Tal y como dejó dicho Lenin “es tarea del proletariado luchar contra toda forma de opresión”.

7.En estos momentos de ofensiva reaccionaria, oscurantista y heteropatriarcal la legislación burguesa es inútil para pararla. Sólo la autoorganización y la lucha contra el capitalismo y su versión fascista nos permitirá no solo pararla, sino que no vuelva a producirse.

Llamamos a todas nuestras militantes, adheridas y simpatizantes a movilizarse codo con codo con el movimiento LGTBI+ este 28 de Junio.

¡Por un día del Orgullo de clase y anticapitalista!

Secretariado Permanente de la C.N, de Nación Andaluza.

Andalucía, 28 de Junio de 2026.

Nación Andaluza ante las movilizaciones por la vivienda del 27 de junio Ni para los especuladores ni para los rentistas ¡Para cada andaluza una vivienda!

 La vivienda preocupa y ocupa al pueblo trabajador andaluz, mientras muchos políticos parlamentarios se llenan la boca sobre la misma sin hacer nada, porque defienden los intereses de los grandes propietarios o ellos mismos lo son. Todas sabemos y/o vivimos en carne propia el alto precio de los alquileres y no digamos los precios de compra de las viviendas. El gobierno Moreno Bonilla lo reconoce con una mano, mientras con la otra practica un discurso a mitad de camino entre la resignación y el fatalismo. Lo decimos alto y claro: el problema de la vivienda tiene solución.

Para empezar tenemos que exigir al Gobierno andaluz que, conforme a las competencias de la Junta de Andalucía, aplique la ley estatal 12/2023 con objeto de limitar el precio del alquiler en las “zonas tensionadas”. Esto implicaría que las viviendas que han estado en alquiler en los últimos 5 años no puedan superar el último precio aplicado en esa vivienda al formalizar un nuevo contrato de alquiler. Esta medida tiene muchas limitaciones pero dificulta la subida ilimitada del precio del alquiler.

Pero esta medida es evidente que no basta. Por ello desde Nación Andaluza demandamos:

  • Que la Junta convoque una comisión mixta con el gobierno estatal para que todos los pisos de la Sareb en Andalucía sean recepcionados y destinados a alquiler social.
  • Que todas las viviendas heredadas por la Junta de personas sin herederos sean o bien dedicadas directamente a alquiler social.
  • Exigimos que la Junta efectúe promoción de vivienda publica dedicada a alquiler social con terrenos propios o cedidos por ayuntamientos.
  • Exigimos a la Junta ceda terrenos a cooperativas de vecinos y vecinas que construyan viviendas con sus propios recursos, con derecho de usufructo,conservando la Junta la propiedad.
  • En cuanto al Estado español, debemos exigirle que expropie las viviendas propiedad de los Bancos hasta recuperar la deuda de 60.000 millones que costó el rescate bancario y las de Andalucía se las ceda a la Junta para alquiler social.
  • El impulso de un modelo de vivienda pública y social, gestionado por y para el Pueblo Trabajador Andaluz.
  • Toda familia que los Servicios Sociales declare vulnerable no puede  ser desahuciada bajo ningún concepto, nadie puede quedar en la calle por no poder pagar .

Nuestra “prioridad nacional”, la de todas las andaluzas -es decir, la de todas las personas que viven y trabajan en el país andaluz- es tener una vida digna: pan, trabajo, techo, educación y sanidad públicas y de calidad. 

Desde Nación Andaluza llamamos a la movilización de la clase obrera andaluza el próximo 27 de junio contra este estado de cosas, teniendo bien presente que solo la articulación andaluza del movimiento por la vivienda podrá dar soluciones reales a este problema en nuestro país. La vivienda es un derecho, no un negocio, y no podemos permitir que sigan arrebatándonos nuestro futuro.

Ni para los especuladores ni para los rentistas ¡Para cada andaluza una vivienda!

Secretariado de la C.N. de Nación Andaluza.

Andalucía, 24 de junio de 2026.

jueves, 25 de junio de 2026

EL PAPEL DE ANDALUCÍA EN EL ENTRAMADO IMPERIALISTA DE LA OTAN

 Aportación de Área de relaciones internacionales de Nación Andaluza a la CUMBRE DE LA UNIDAD DE LOS PUEBLOS CONTRA LA OTAN que se celebrará en Barcelona el 27 y 28 de junio de 2026.

1. Historia de las bases de la OTAN en Andalucía

La implantación de bases militares de la OTAN en Andalucía no es un fenómeno coyuntural ni responde a necesidades defensivas del pueblo andaluz. Es, por el contrario, la manifestación más evidente del carácter neo colonial que el imperialismo estadounidense y sus aliados europeos han impuesto sobre nuestro país, ya colonizado por Castilla a finales de la Edad Media. Hoy, para comprender la función actual de estas bases en el entramado imperialista, resulta imprescindible rastrear su genealogía, sus orígenes y las transformaciones que han experimentado hasta convertirse en los nodos estratégicos que son hoy.

El punto de partida se sitúa en 1953, con la firma de los Pactos de Madrid entre el régimen franquista y los Estados Unidos. Aquellos acuerdos, rubricados en plena Guerra Fría, supusieron la cesión de suelo andaluz a cambio de reconocimiento internacional y apoyo económico para una dictadura franquista que agonizaba en el aislacionismo. La base naval de Rota (Cádiz) y la base aérea de Morón de la Frontera (Sevilla) nacieron entonces como enclaves del Strategic Air Command estadounidense. Desde el primer momento, su función fue ofensiva: Rota se concebía como base de submarinos nucleares con capacidad de dar un primer golpe contra la Unión Soviética, mientras Morón servía como plataforma de proyección hacia Oriente Medio y el Norte de África. Los pactos de 1953 incluían cláusulas secretas que ni siquiera las Cortes franquistas llegaron a conocer. El imperialismo yanqui con la aquiescencia de Franco imponía su ley sobre el territorio andaluz sin contrapartida alguna para sus habitantes, salvo la presencia de tropas estadounidenses, la imposición de una jurisdicción extraterritorial y la integración de Andalucía en la cadena logística del Pentágono.

Con la muerte del dictador y la transición al régimen del 78, las bases no solo no se desmantelaron, sino que se consolidaron. El Convenio de Amistad y Cooperación de 1976 y los posteriores protocolos de enmienda mantuvieron la presencia militar estadounidense. La entrada del Estado español en la OTAN en 1982 —ratificada mediante un referéndum en 1986 bajo un régimen de manipulación mediática y presiones imperiales— no hizo sino normalizar jurídicamente lo que ya era una realidad material: la inserción de Andalucía y todo el Estado español en la arquitectura militar del imperialismo occidental.

A lo largo de las décadas siguientes, esa presencia militar se ha expandido. A Rota y Morón se sumaron otras instalaciones: la base de Viator (Almería), sede de la Legión española y pieza clave en el adiestramiento de tropas de la OTAN; las instalaciones de Córdoba en construcción, donde se situará la Base Logística del Ejército de Tierra, la base del INTA en El Arenosillo (Huelva); el puerto civil de Algeciras, cuya militarización es incipiente; y el propio enclave colonial andaluz de Gibraltar, bajo soberanía británica, que opera como base aeronaval de la Royal Navy y centro de inteligencia de la Alianza Atlántica.

El crecimiento de estas infraestructuras ha sido paralelo a la escalada belicista del imperialismo. En los años noventa, durante las guerras de los Balcanes, Morón y Rota sirvieron como centros de comando y reaprovisionamiento para las operaciones de castigo contra Serbia. En los años 2000, con la invasión de Irak, el papel de las bases andaluzas se intensificó: Rota se convirtió en escala obligada para los vuelos de la CIA con destino a los centros de tortura en Europa del Este y la base de Guantánamo. La prensa internacional documentó decenas de escalas de aviones fletados por servicios de inteligencia estadounidenses en suelo andaluz, siempre con la complicidad activa de los sucesivos gobiernos españoles.

A partir de 2011, con la nueva guerra imperialista contra Libia, el despliegue se amplió. La base de Rota fue utilizada por aviones de la OTAN que bombardearon Trípoli y otras ciudades libias. Morón acogió a efectivos estadounidenses que coordinaron operaciones de ataque. La destrucción de Libia, que sumió al país en una guerra civil permanente y abrió las puertas a la penetración del caos planificado por el imperialismo en el Norte de África, se planificó en parte desde las bases situadas en Andalucía.

El salto cualitativo definitivo llegó en 2014, cuando el Pentágono decidió desplegar en Rota cuatro destructores del sistema Aegis como parte del denominado Escudo Antimisiles. Bajo el pretexto de defender Europa de supuestas amenazas balísticas, lo que se instaló en la bahía gaditana fue un sistema ofensivo de primer orden, integrado en la estrategia de superioridad militar global de Estados Unidos. Los seis destructores, con capacidad para interceptar misiles pero también para lanzar ataques de precisión a miles de kilómetros, convirtieron a Rota en la principal base de la US Navy en el extranjero, como reconocería años después el propio jefe de operaciones navales estadounidense durante su visita en 2026.

En paralelo, la base aérea de Morón ha experimentado un proceso de ampliación constante. En 2026 se anunció una inversión de 400 millones de dólares para modernizar sus instalaciones, mientras se construía un nuevo hangar para aviones pesados en Rota, ignorando las amenazas del entonces presidente Trump sobre supuestos repliegues. La realidad es tozuda: ningún gobierno estadounidense ha contemplado jamás la posibilidad de renunciar a estas posiciones estratégicas. Pero también hay que decir que ningún gobierno español se ha planteado nunca seriamente cuestionar esta presencia.

El caso de Viator, en Almería, merece mención aparte. Allí se va a instalar la multinacional española de armamento Escribano M&E con estrecha colaboración con el Ente sionista, lo que vincula directamente a la industria militar del Estado español —con su creciente capacidad exportadora— con el complejo militar-sionista que sostiene la ocupación de Palestina y las agresiones contra los pueblos del Oriente Medio. La base de Viator, además, ha sido el centro desde el que la Legión ha formado a militares ucranianos, utilizando incluso la ciudad de Ronda como campo de adiestramiento para las tropas de un régimen títere del imperialismo occidental en su guerra proxy contra Rusia.

Andalucía ha sido, pues, progresivamente integrada en una red de bases, puertos y centros logísticos que la convierten en una de las zonas más militarizadas del continente europeo. Esta militarización no ha respondido nunca a la existencia de una amenaza real contra el pueblo andaluz, sino a los intereses geoestratégicos del imperialismo estadounidense y sus socios subalternos. Ha sido posible, en buena medida, por el desempleo estructural, la precariedad y la fuerte emigración a los que se han visto abocadas las clases populares andaluzas. La historia de estas bases es la historia de una colonización medieval, una reciente cesión de soberanía impuesta por la dictadura franquista perpetuada por el régimen monárquico-parlamentario, insertando forzosamente nuestra tierra en la cadena de agresión imperialista global.

2. Relación entre las bases españolas, británicas y estadounidenses de la OTAN en Andalucía

El segundo elemento que resulta imprescindible analizar para comprender el papel de Andalucía en el entramado imperialista de la OTAN es la relación estructural que existe entre las distintas bases —aparentemente de titularidad y bandera diferentes— que se asientan sobre nuestro suelo. Bajo la apariencia de una diversidad de mandos y funciones (estadounidenses, británicas, españolas), lo que en realidad opera es un sistema integrado de dominio militar que actúa bajo el paraguas único de la OTAN como brazo armado del imperialismo colectivo.

Conviene desmontar, en primer lugar, el mito interesado de la soberanía nacional. La propaganda oficial de los sucesivos gobiernos de Madrid ha insistido en la idea de que las bases de utilización conjunta hispano-norteamericana (Rota y Morón) responden a acuerdos bilaterales entre Estados soberanos y que, en última instancia, la autoridad última corresponde al Estado español (un Estado que usurpa la soberanía del Pueblo Trabajador Andaluz). Ni obviando su carácter de Estado subimperialista las bases cumplen esa premisa. Los convenios bilaterales son, en la práctica, subproductos del paraguas de la OTAN: establecen los términos de la ocupación, pero la función estratégica de las bases viene determinada por el mando integrado de la Alianza Atlántica, es decir, por el Pentágono.

El caso de la base naval de Rota es paradigmático. Allí conviven fuerzas estadounidenses y españolas, pero la cadena de mando real para las operaciones relevantes es la de la US Navy, coordinada con el mando de la OTAN en Nápoles. Los destructores del sistema Aegis desplegados en Rota están bajo control operativo estadounidense, y su misión —la defensa antimisiles— está integrada en la arquitectura de mando de la OTAN. Cuando estos buques han participado en operaciones de agresión, como los bombardeos contra Irán en 2026, lo han hecho bajo bandera de Estados Unidos pero con el respaldo logístico y político de toda la estructura atlántica.

Morón presenta características similares. En sus instalaciones operan fuerzas especiales estadounidenses, aviones de transporte estratégico y unidades del Mando de Operaciones Especiales. La base fue utilizada intensivamente durante la agresión a Irán de 2026, con más de 70 vuelos en el primer mes de operaciones. Formalmente, el Estado español puede vetar ciertas operaciones —como hizo teatralmente tras el veto a determinados tránsitos—, pero en la práctica la operatividad de la base no se vio afectada. Los submarinos y aviones estadounidenses continuaron operando en Rota sin interrupción, porque la pertenencia de estas instalaciones a la red de mando de la OTAN las sitúa más allá del control real de las autoridades estatales.

La integración de las bases bajo mando único de la OTAN se hace aún más patente en el caso de Gibraltar. El enclave colonial británico, entregado por los Borbones a Reino Unido en 1713, es una pieza fundamental en el dispositivo de la Alianza. La Royal Navy inunda hoy el Estrecho de drones para vigilar portaaviones y submarinos, y durante la guerra contra Irán de 2026 la colonia participó activamente en las operaciones. Gibraltar es, de facto, una base de la OTAN en suelo andaluz bajo administración británica, cuya función se coordina con las bases estadounidenses de Rota y Morón y con las instalaciones militares españolas más importante como la de Viator.

Precisamente en el mismo Estrecho el puerto de Algeciras, de carácter civil hasta ahora, ejemplifica el proceso de convergencia hacia un único sistema integrado. Tradicionalmente un puerto civil, en los últimos años se está proponiendo su conversión en un eje militar del Estado español en Andalucía, con inversiones en infraestructura que permitan el atraque de grandes buques de guerra y su utilización como base logística para operaciones de la OTAN en el Mediterráneo y el Atlántico. La complementariedad con Gibraltar es evidente: ambas orillas de la bahía de Algeciras quedarían así integradas en un único dispositivo de control del Estrecho.

La base de Viator añade un elemento más a esta red integrada. Como cuartel general de la Legión española, Viator ha servido para proyectar fuerzas del Estado español en operaciones de la OTAN (como el despliegue de 1.600 soldados y 300 vehículos en Eslovaquia en 2026) y para adiestrar a tropas ucranianas. La Legión, cuerpo fundado por el militar franquista Millán Astray, opera bajo mando estatal en tiempos de paz pero se integra inmediatamente en la cadena de mando de la OTAN en cuanto se activan los protocolos de la Alianza. La presencia en Viator de la empresa armamentística Escribano M&E reforzará el carácter de nodo militar-industrial de la base.

En Andalucía no hay bases dispersas de países diversos: alberga un complejo militar integrado de la OTAN que se despliega sobre nuestro territorio de forma capilar, con diferentes ropajes jurídicos pero con una unidad de propósito y de mando. Las bases estadounidenses, británicas o españolas forman un único sistema de la OTAN que utiliza las diferentes banderas como cobertura política y jurídica para una presencia militar del imperialismo. La función última de todas estas instalaciones es la misma: asegurar el control del Estrecho de Gibraltar y sus accesos atlánticos y mediterráneos, proyectar la fuerza militar imperialista hacia el norte de África y Asia Occidental, y garantizar la superioridad logística del imperialismo en esta región geoestratégica de primer orden.

Esta realidad es la que el movimiento antiimperialista andaluz hemos denunciado durante décadas, frente a la narrativa oficial que presenta las bases como concesiones bilaterales o como contribuciones a una defensa común inexistente. No hay defensa común: hay una estrategia de agresiones imperialistas, y las bases en Andalucía son un eslabón fundamental de esa agresión.

3. ¿Por qué el gobierno de Madrid no desmantelará las bases?

Las razones que explican la permanencia y ampliación de las bases de la OTAN en Andalucía exigen un análisis que trascienda la mera constatación de los hechos para adentrarse en la estructura profunda del régimen político y económico del Estado español y en su posición subalterna dentro del sistema imperialista. La respuesta ha de buscarse en tres dimensiones íntimamente relacionadas: la dependencia estratégica, los intereses de clase de las burguesías estatales y el papel de su ejército como garante interno del orden establecido.

En primer lugar, el mantenimiento de las bases responde a la dependencia estructural que el régimen del 39-78 mantiene respecto al imperialismo estadounidense. El Estado español es una potencia de segundo orden que ha construido su inserción internacional sobre la base de su alineamiento con Washington. Esta alineación no es producto de una decisión coyuntural, sino que hunde sus raíces en la propia fundación del régimen borbónico parlamentario actual, diseñado bajo la supervisión del Departamento de Estado y la CIA. La “Transición” fue tutelada por el imperialismo estadounidense, que vio en la monarquía juancarlista y en el bipartidismo la garantía de continuidad de los pactos militares firmados con Franco.

Desde entonces, todos los gobiernos de Madrid, independientemente de su color político, han considerado las bases como un activo irrenunciable de la política exterior y como el principal vínculo material con la superpotencia hegemónica. El actual gobierno del PSOE y Sumar, lejos de cuestionar este legado, ha profundizado en él. En 2026, en plena escalada belicista contra Irán, Madrid y Washington renovaron el convenio de utilización las bases de Rota y Morón sin el menor debate público, al tiempo que se autorizaban nuevas inversiones millonarias y se ampliaban las capacidades operativas. La misma semana en que se producían movilizaciones exigiendo el desmantelamiento de la base de Rota, el Pentágono renovaba contratos de mantenimiento de sus destructores. Más allá de las declaraciones coyunturales de los cargos políticos, la sintonía entre Madrid y Washington es total.

La dependencia no es solo estratégica, sino también económica. La industria militar del Estado español ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años, integrada en las cadenas de valor del complejo militar-industrial estadounidense y europeo. El 43% de las exportaciones militares españolas entre 2021 y 2025 se dirigieron a Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, tres monarquías del Golfo que son pilares del orden imperialista en Oriente Medio y estrechos aliados de Washington. Las empresas españolas de armamento se benefician de los contratos generados por la presencia militar estadounidense y de la participación en programas conjuntos de la OTAN. Desmantelar las bases supondría cortar estos vínculos y asumir costes económicos que la burguesía española no puede aceptar si no se lo impone un poder popular.

En segundo lugar, hay que analizar los intereses de clase concretos que se articulan en torno a la militarización de Andalucía. La burguesía española, en su fracción industrial-militar, ha encontrado en la OTAN un espacio de acumulación de capital. Las inversiones multimillonarias del Pentágono en Rota y Morón generan contratos para empresas constructoras, tecnológicas y de servicios. Las empresas de seguridad privada, las consultoras de defensa y los lobbies militares conforman un entramado de intereses que presiona activamente para que las bases no solo se mantengan, sino que se amplíen. A ello se suma el interés de la monarquía borbónica; la Corona ha hecho de las relaciones con las monarquías árabes y con Washington uno de los ejes de su diplomacia, de sus negocios y salvaguarda de su propia existencia. Las bases de la OTAN en Andalucía son una pieza más en ese tablero de relaciones clientelares y de tráfico de influencias que caracteriza a la monarquía borbónica y al Estado español.

En tercer lugar, y en un plano más profundo, el gobierno de Madrid no desmantelará las bases porque el ejército del Estado español es, estructuralmente, una fuerza de ocupación interior y de proyección exterior al servicio del imperialismo. Bajo la apariencia de una “defensa nacional”, el Ejército cumple funciones de control social y de garante de la unidad de un Estado plurinacional que solo se sostiene mediante la coerción y la represión. La pertenencia a la OTAN proporciona a los mandos militares españoles prestigio internacional, presupuestos millonarios y una razón de ser que trasciende la mera función represiva interna.

Las bases andaluzas son, además, el destino de gran parte de los oficiales y suboficiales del Ejército español, que hacen carrera en los estados mayores de la OTAN y que participan en operaciones conjuntas. La socialización de las élites militares españolas en la cultura imperialista estadounidense genera un vínculo corporativo que hace impensable, desde la lógica castrense, cualquier planteamiento de desmantelamiento. Las fuerzas armadas españolas nunca han sido un “ejército nacional” en el sentido clásico: son la sucursal local de un ejército imperial, han sido educadas y formadas en la represión interna de la clase obrera y su lealtad última no es a los pueblos trabajadores sino a la cadena de mando de la OTAN.

Es necesario añadir un cuarto factor, de naturaleza geopolítica: el control del Estrecho de Gibraltar. Para el imperialismo, Gibraltar y su entorno constituyen uno de los principales choke points del comercio mundial y del movimiento de flotas militares. El gobierno de Madrid es plenamente consciente de que su valor como aliado subalterno reside precisamente en el control de este paso estratégico, junto con las bases que lo aseguran. Renunciar a las bases sería renunciar a la única carta de valor geoestratégico que posee el Estado español en el tablero imperialista, y eso es algo que ninguna fracción de la clase dominante española está dispuesta a contemplar.

En definitiva, el gobierno de Madrid no desmantelará las bases porque las bases son un pilar material del propio régimen. Son el vínculo de dependencia con la metrópoli imperialista, el espacio de acumulación para la burguesía militar-industrial, el instrumento de socialización de las élites castrenses y la garantía del papel geoestratégico del Estado español. La permanencia de las bases no es un accidente ni un error: es una necesidad estructural del régimen del 39-78, y solo la ruptura con este podría abrir la posibilidad de su desmantelamiento.

4. Necesitamos la unidad de los pueblos contra la OTAN.

Andalucía juega un papel de primer orden en el entramado imperialista estadounidense en Eurasia y el Mediterráneo. Desmantelar las bases militares solo es posible construyendo organización obrera y popular contra el Estado español y contra el imperialismo. Desde Nación Andaluza pensamos que es necesario más que nunca unir todas las fuerzas y colectivo en un gran bloque antiimperialista andaluz. 

Modestamente, pero con hechos concretos, hemos conseguido articular un trabajo en este sentido lo más amplio posible, con la creación de plataformas antiOTAN y contra las bases en distintas localidades andaluzas y sobre todo la constitución de la Plataforma andaluza BASES FUERA OTAN NO. Se han conseguido logros como la consolidación de una marcha anual contra la base militar española de Viator, así como la recuperación de la marcha contra la base naval de Rota.

A la vez que vamos trabajando en ampliar y profundizar este bloque antiimperialista andaluz vemos totalmente imprescindible y necesario lograr la mayor coordinación internacional para luchar contra la OTAN y las bases militares, en definitiva, en contra del imperialismo. Coordinación que también debe contemplar a todos los pueblos de la región del Mediterráneo o de ámbitos más extensos. Por eso nos parece muy importantes encuentros cómo este de Barcelona y apostamos por que no se queden sólo en un encuentro sino que sirva para ir logrando una coordinación mundial mayor y más efectiva de las fuerzas antiimperialistas. 

¡No a la OTAN! ¡Cerremos todas las bases de Estados Unidos y la OTAN!

Área de relaciones internacionales de Nación Andaluza.

Andalucía, 24 de junio de 2026.

jueves, 18 de junio de 2026

1941-2026, 85 aniversario de la Operación Barbarroja, la cruzada europea anticomunista

 El domingo 22 de junio de 1941 el III REICH de Adolf Hitler iniciaba la invasión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Sin previa declaración de guerra. En medio de un pacto de no agresión firmado casi dos años antes, el 23 de agosto de 1939.

No es el objetivo de este comunicado analizar los innumerables aspectos de esta guerra total de exterminio, la más mortífera, genocida e implacable de toda la Historia de la Humanidad.

Como revolucionarios y antiimperialistas, nuestro deber es lanzar la señal de alarma sobre los profundos paralelismos y sorprendentes similitudes que tienen estas dos coyunturas: la de de 1941 y la actual, de 2026.

La clave de todo lo que sucede en la superficie de las diferentes formaciones sociales es la crisis general del Capitalismo. Crisis que se manifiesta a su vez en la agresividad creciente del Imperialismo, y más allá, en el hundimiento cultural y moral de la Modernidad Occidental. 

Esta es una crisis que marca la agonía del Capitalismo, como muy certeramente analizó Lenin en su libro: «El Imperialismo, fase suprema del Capitalismo.»

Hace 110 años que el Capitalismo Agónico lucha por su supervivencia como modo de producción hegemónico en este planeta. Más de un siglo en que la burguesía imperialista, y su fracción dominante, la oligarquía financiera mundial, luchan a vida o muerte por el dominio mundial, mientras asistimos a la putrefacción gangrenosa de su sistema de explotación. 

Esta crisis general del Capitalismo ya ha generado tres guerras mundiales: la Primera, de 1914-1918, la Segunda, de 1939-1945, y la así llamada «Guerra Fría«, de 1945 a 1991.

Ahora nos encontramos a las puertas de otra Guerra Mundial. En este caso, los Estados Unidos de Norteamérica y su cerebro estratégico, el Poder Sionista Global han pasado a la ofensiva en (casi) todos los frentes para mantener su hegemonía a toda costa.

Han cometido un genocidio en Palestina, que sufre desde hace más de un siglo la colonización sionista. Y al mismo tiempo, agreden y atacan a todo el Frente de la Resistencia Antisionista, desde Líbano a Irán, desde Yemen a Irak. 

Y no olvidamos que durante los años de Unipolaridad del Imperialismo yanki-sionista, muchos otros países de Asia Occidental y África nororiental fueron invadidos y expoliados: Somalia, Sudán, Libia, Afganistán…

Al mismo tiempo, la OTAN, brazo armado del Imperialismo, ha llevado desde 1999 una política de agresión contra la Federación Rusa. Ya en 1990 la antigua República Democrática de Alemania, RDA, se incorporó a la OTAN, rompiendo todos los acuerdos del fin de la Guerra Fría. En 1999 se sumaron Polonia, Hungría y Chequia. En 2004 se incorporaron Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia y Eslovenia. En 2017 Montenegro entra en la Alianza Atlántico, y en 2020, Macedonia. 

En 2022, tras el incumplimiento y sabotaje sistemático de los acuerdos de paz de Minsk, la Federación Rusa sale en defensa de las Repúblicas de Donestk y Lugansk y entra en guerra con Ucrania, que se preparaba para entrar en la OTAN, como también lo hacía Georgia, con quien la Federación Rusa tuvo una breve guerra en 2008.

No olvidemos la guerra de la OTAN contra Yugoslavia y más tarde contra Serbia, en los años 90 del siglo XX.

La situación actual de escalada en los dos teatros actuales de la guerra imperialista, Europa Oriental y Asia Occidental nos recuerda a las vísperas de la Operación Barbarroja.

La Unión (Imperialista) Europea está decidida a reeditar la Cruzada Europea contra el Bolchevismo en su versión 2.0, como una lucha de la «democracia» y los «derechos humanos» contra el régimen dictatorial y autoritario de la Rusia de Vladimir Putin. Los países que se preparan para esta nueva guerra son casi exactamente los mismos que en 1941, con el significativo añadido de Gran Bretaña, Portugal, Suecia, Grecia y Suiza.

Lo mismo pasa con la Cruzada Sionista en Asia Occidental, que cuenta con el apoyo de las oligarquías musulmanas sunitas de todo el mundo, desde Marruecos a Indonesia.

La guerra imperialista en todos los frentes (no olvidemos que hay una guerra larvada contra China y Corea del Norte) va a traer paro, miseria, desahucios, precariedad, mayores tasas de explotación, represión, recortes en sanidad, educación y servicios sociales, escasez y racionamiento, y al final, muerte y destrucción. 

Hacemos un llamamiento a las clases obreras de nuestras Naciones, y al conjunto de todos los Pueblos Trabajadores de nuestros Países para resistir ante la embestida de la Oligarquía Financiera Mundial, y no caer en los cantos de sirena de su fiel esbirro y msmporrero desde 1914, la Socialdemocracia. 

Y no se trata meramente de resistir frente a la ofensiva del Capital. Hay que pasar a la ofensiva. Hay que organizarse y luchar. Hay que demostrar día a día y lucha a lucha que no hay solución posible en el marco del Capitalismo ni a la crisis económica, ni a la ecológica, ni a la social y cultural. El Capitalismo es un monstruo genocida que morirá matando. 

Es el momento de proclamar que sin revolución, nuestro futuro como Humanidad es la extinción. Y que esta revolución será una REVOLUCIÓN SOCIALISTA.

EL Ejército Rojo de Obreros y Campesinos derrotó a las hordas nazifascistas en Moscú en 1941, en Stalingrado en 1942, en Kursk en 1943, en la Operación Bagration en 1944, y entró triunfante en Berlín en 1945.

Debemos de aprender de las victorias de la Revolución Rusa, de la URSS, de la Revolución China, Coreana, Cubana, Vietnamita, Nicaragüense y tantas otras.

¡Ni un paso atrás en la lucha antiimperialista!

¡Por la Revolución Socialista!

¡Juntos venceremos!

FIRMANTES:

Comunismo Revolucionario Galego

Crida Comunista

Coordinadora de Núcleos Comunistas

Nación Andaluza

Partit Comunista del Poble de Catalunya

Partido Comunista de los Pueblos de España